A continuación se hablará de una forma muy breve sobre
los aportes que fueron relevantes en la historia de la Psicología Comunitaria
Diversos autores en Norteamérica, entre los cuales
Scribner (1968), Newbrough (1970), Lehmann (1971), Stanley Murrell (1973),
comienzan a plantearse a fines de la década del 60 y comienzos de los años 70,
la necesidad de definir y fundamentar una psicología comunitaria. Algunos la
proponen como una forma de Psicología aplicada, dados sus nexos en los EE.UU.
con el movimiento pro salud mental en la comunidad, de larga data, y con la
política de guerra a la pobreza (Murrell, 1973); otros como J. R. Newbrough
(1970), se preguntaban ya acerca de la posible creación de una nueva rama de la
psicología. En todo caso, lo que parece delinearse en ese país, es la necesidad
de, una psicología que trabaje con organizaciones sociales, cambiándolas de
manera tal que los individuos se beneficien; así como la dualidad del rol del
psicólogo involucrado en tal acción, quien es calificado por Bennett y cols.,
(1966), de "partícípante-conceptualizador", significando tanto su
labor como promotor, cuanto su papel corno profesional y científico.
Ya en América Latina, desde fines de la década del 50 (entre
1957 y 1959), se venían realizando aisladamente, silenciosamente, como suele
ocurrir en la región, desarrollos comunitarios interdisciplinarios, en los
cuales están presentes todas las características que 20 años después pasan a
definir a la psicología comunitaria.
En la obra de O. Fals Borda (1959), en Colombia es
posible encontrar ya establecidos, métodos y procedimientos desarrollados
simultáneamente dos o tres lustros después, en otras partes de América Latina
(Panamá, Perú, Venezuela, Puerto Rico, por ejemplo). El objeto Fundamental de
esa práctica destinada al desarrollo de la participación comunitaria, consiste
en la movilización de un grupo particular (una comunidad), para el
enfrentamiento y solución de sus problemas, los cuales, a través de la
intervención de agentes de cambio, percibirá en sus dimensiones reales y en sus
relaciones con el medio en que se presentan.
En una primera etapa (años 50 y 60), más que de una
Psicología Comunitaria debe hablarse de desarrollo comunitario, de
participación, de autogestión, a solas. Se trata de una estrategia, de una
metodología, en la cual el aporte psicosocial no ha sido clarificado aún. Sólo
a fines de la década del '60 y comienzos de los años '70, surgen paralelamente
los primeros intentos de sistematizar lo que es ya un quehacer con logros
firmemente establecidos en Latinoamérica, y una nueva línea de aplicación en
Norteamérica.
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